Capítulo 2.8: La Energía Nuclear como una falsa solución al colapso climático.

DESCARGAR PDF

Carlos Tornel

No existe tal cosa como la energía nuclear segura. La energía nuclear es sucia, peligrosa, cara, anticuada y obsoleta. 

Beyond Nuclear. 

En 2018, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) publicó el Reporte Especial de 1.5°C. En este detalla las características necesarias para reducir emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en un escenario en el que la temperatura global no se incrementará más de 1.5°C al final del presente siglo. El reporte utiliza cuatro escenarios para modelar el futuro. En su mayoría, las apuestas para alcanzar esa reducción de emisiones dependen de soluciones tecnológicas que permitan, más o menos, mantener el status quo, es decir, sin hacer cambios sustantivos a un modelo económico, social y político que devasta al planeta. 

A diferencia de otras soluciones falsas como la Captura y Secuestro de Carbono (CSC)1, que se modela como alternativa viable en tres de los cuatro escenarios (ver figura 1), la energía nuclear se asume como tecnología ‘limpia’, sin problemas inherentes, que será necesaria para reducir las emisiones en el futuro. Tanto es así, que los cuatro escenarios la incluyen como una fuente indispensable. Vale la pena reflexionar el porqué el IPCC asume esta tecnología como opción viable. 

Figura 1: Escenarios de reducción de emisiones para limitar el incremento de la temperatura en 1.5°C a fin de siglo. En los 4 escenarios, la energía nuclear figura con un porcentaje importante de la generación de energía al año 2050. Esto implica un incremento de +150%, +98%, +501% y + 468% respectivamente, respecto a la capacidad instalada en 2010. Fuente: IPCC, 2018.

La ciencia climática tiene una deuda importante en la comunicación de las fuentes y orígenes del cambio climático. Desde su concepción, el IPCC se ha preocupado por la concentración de emisiones de GEI en la atmósfera, pero nunca ha hecho una crítica a las formas organizativas de las economías fósiles y capitalistas que las pusieron ahí.2 La energía nuclear, al igual que otras tecnologías desarrolladas para reducir emisiones, se asumen como una salvación que surge del ‘ingenio humano’, del fetichismo antropocéntrico moderno que supone la separación y dominación de la naturaleza para ponerla al servicio de los intereses de la ‘humanidad’, un concepto que también debemos deconstruir desde una perspectiva interseccional, histórica y política.3

Como nos recuerda Anselm Jappe4, “el capitalismo es inseparable de la gran industria: valor y tecnología van juntos; son dos formas de determinismo y de fetichismo”. En este sentido, la lección que deja Marx sobre el fetichismo, que después es continuada por otros pensadores como Iván Illich, es que los artefactos o herramientas se convierten en nuestros amos, les delegamos a las ideas y a las tecnologías que creamos el destino de las sociedades y la biosfera. Esas mismas herramientas e ideas se convierten en conductas, o en formas que nos comprometen a actuar de ciertas maneras y asumirlas como un sentido común.

Cuestionar la forma en la que la tecnología y el dinero (es decir la inversión o el financiamiento climático o verde) se convierten en formas de acumulación es esencial para comprender que es imposible resolver problemas como la crisis climática a través de más tecnología y/o financiamiento. La tecnología es, a fin de cuentas, un componente del desarrollo desigual; es decir, la tecnología se convierte en un juego de suma cero en el que algunas personas pueden reducir su trabajo y ahorrar tiempo y espacio, pero lo hacen a expensas del tiempo y espacio perdido por otras.5

Las contradicciones de la energía nuclear

La energía nuclear está plagada de contradicciones y problemas. Como buena heredera del espíritu bélico de la segunda guerra mundial y la carrera tecnológica de la guerra fría, la energía nuclear emana de uno de los esfuerzos científicos más importantes del siglo XX, utilizado para la guerra y la destrucción. Tan es así, que uno de los creadores de la bomba, el físico Robert Oppenheimer, después de presenciar la primera prueba del proyecto Manhattan, dijo: “Recordé la frase del Bhagavad-Gita: ‘Ahora me he convertido en la Muerte, el destructor de mundos.’”6

El potencial destructivo de las armas nucleares es apenas uno de sus problemas. Desastres como Chernobyl, Fukushima o Isla de Tres Millas seguirán ocurriendo, así sea por errores humanos o por eventos ‘naturales’ -cada vez más frecuentes con el calentamiento global-, es simplemente una cuestión de tiempo. Por ejemplo, el incremento del nivel del mar y el aumento en la frecuencia e impacto de los fenómenos hidrometeorológicos elevan el riesgo de un desastre como esos y hacen de las plantas nucleares existentes potenciales recetas para el desastre. 

Conforme pasa el tiempo, los reactores nucleares tienden a producir más fallas. Así, el riesgo aumenta proporcionalmente. Una revisión de la industria nuclear a nivel mundial asegura que dos tercios de los reactores en todo el mundo tienen más de 30 años; mientras que 20% tiene más de 40 años para funcionar.7 Mantener estos reactores representa un gasto significativo de recursos públicos e incrementar su participación para ‘mitigar’ las emisiones de GEI implica un costo importante.

La construcción de nuevas plantas nucleares tiene un costo muy elevado en tiempo y dinero. Se estima que la construcción de una planta tarda aproximadamente diez años, y que los costos de inversión inicial pueden alcanzar de $118 a 192 dólares por megawatt hora (D/MWh), mientras que una planta solar puede alcanzar costos de entre $32 a 42 D/MWh.8 El desarrollo de las plantas de energía nuclear se dio hace más de cinco décadas, en condiciones que ya no existen o no son vigentes al día de hoy. Asimismo, la escala y desarrollo de nuevas plantas, para con esta tecnología cubrir la demanda de mitigación, también es sumamente problemática. Tendríamos que construir ochenta plantas en los próximos diez años, sólo para mantener la generación de energía a los niveles actuales, lo que significa que no sustituye a las plantas que continúan operando con combustibles fósiles. Esto mismo es cierto para el contrargumento: Cerrar plantas nucleares no implica regresar al uso de combustibles fósiles. Sino que cerrar aquellas en operación podría significar una oportunidad para reducir el consumo energético y fomentar el uso de energías renovables.

Además, la energía nuclear si contribuye al cambio climático. Las emisiones, al considerar toda la vida útil y la cadena de valor de una planta de energía nuclear, implican la extracción, minería, procesamiento y refinación del uranio (que requiere de combustibles fósiles); junto con la disposición y manejo de residuos nucleares, la operación y mantenimiento de las plantas, que también requieren del uso de concreto y acero, procesos que son energéticamente intensivos. 

Si analizamos la vida útil y cadenas de valor de otras energías renovables, las emisiones de la energía nuclear son superiores a las de plantas de energía eólica y solar (aunque estas, claro está, no están exentas de sus problemas y limitantes), puesto que incluso después del cierre de un reactor, su desmantelamiento, transporte y el almacenamiento de enormes volúmenes de residuos radiactivos generarán GEI durante al menos 10 a 20 años.

Por esta razón, la energía nuclear no es una fuente renovable. A pesar de que sus emisiones directas son cercanas a cero, el uranio es un recurso finito. Actualmente se demandan cerca de 70 mil toneladas de uranio al año, por lo que incrementar su demanda tendría costos asociados importantes. Se emitiría más CO2 para su extracción y procesamiento, y dado que su calidad y su enriquecimiento disminuirían, esto demandaría más energía para procesarse y, en consecuencia, genera más emisiones de CO2 que acabarían por igualar o superar, a las emitidas para generar electricidad con fuentes fósiles. Sin mencionar la creciente demanda de territorios para extraer uranio y las afectaciones socioecológicas que conlleva.9

Lo mismo aplica con el impacto de la energía nuclear en el uso del agua. Las plantas de energía nuclear consumen entre 19 y 62 millones de galones diarios de agua para un reactor de 1 GW, lo que es preocupante en un mundo con mayor escasez de agua asociada al incremento de la temperatura global.10 El incremento promedio de la temperatura significa que fenómenos hidrometeorológicos como las olas de calor serán cada vez más frecuentes. Las plantas de energía nuclear requieren capacidades de enfriamiento y corren el riesgo de dejar de operar en zonas propensas a mayor calor y sequías. Irónicamente, las plantas competirán por el uso de agua con otros sectores (como el consumo humano o el saneamiento) y serían obsoletas para cuando la demanda de energía fuera muy necesaria (para el enfriamiento, por ejemplo).

Desde un punto de vista más técnico, algunos promoventes de la energía nuclear aseguran que esta es una fuente de energía necesaria debido a que, a diferencia de las energías renovables intermitentes como la solar y la eólica, produce una carga base (o constante). Sin embargo, esta no necesariamente es la solución más eficiente: las plantas suelen tardar mucho tiempo en encenderse y apagarse y generan mucha energía incluso en momentos en los que la demanda es baja. La crisis civilizatoria está empujando hacia la producción de electricidad distribuida y descentralizada, por lo que invertir en el desarrollo de sistemas centralizados para producir energía base está condenado, tarde o temprano, a quedar con infraestructura obsoleta. Lo anterior no implica que la energía intermitente o variable no sea fiable. Siempre que se invierta en un sistema de producción y se acompañe de políticas de reducción y redistribución de energía, una red con alta variabilidad puede ser fiable.

Finalmente, las plantas de energía nuclear son fuente de otro rasgo de la crisis ambiental: la producción de desechos radiactivos. Tan sólo en Estados Unidos, los 80 mil reactores en existencia cuentan con suficiente radioactividad como para envenenar toda el agua potable del planeta.10 Al día de hoy, no existe un acuerdo sobre qué hacer con los desechos nucleares, a pesar de ello, las plantas continúan produciéndolos. Estos pueden seguir siendo peligrosos por más de un millón de años, un peso injustamente desproporcionado para los futuros habitantes humanos y no humanos del planeta. 

En términos llanos y simples, la energía nuclear no es una forma de reducir emisiones. Esta energía es demasiado sucia, demasiado peligrosa, demasiado cara y demasiado lenta. La energía nuclear, últimamente, retrasa el desarrollo de energías renovables y limita o elimina la discusión en torno a la desigualdad en el consumo de energía. Es necesario reducir el consumo de energía e incentivar otro tipo de generación de electricidad, a partir de fuentes renovables, locales y con un menor impacto asociado. 

Algunos casos de desastres nucleares y sus consecuencias socioecológicas:

Raj Patel y Jason W. Moore aseguran que una de las características geológicas que dejará evidencia de la presencia de la humanidad en la Tierra es la concentración de radiactividad como resultado de las pruebas atómicas.11  Los siguientes son algunos casos que documentan las implicaciones del uso de esta tecnología en la actualidad, principalmente en comunidades marginadas: 

  • El mayor desastre radiactivo en Norteamérica ocurrió en 1979, en la Nación Navajo. La presa de residuos de una fábrica en Church Rock, Nuevo México, se rompió. Vertió más de 90 millones de galones de residuos de uranio, inundó los pastos cercanos y fluyó más de 80 millas por el río Puerco. Los residuos radiactivos y tóxicos nunca se limpiaron. Las comunidades afectadas, incluyendo Red Water Pond, han sufrido la contaminación a pesar de décadas de lucha por la limpieza y reparación.
  • El desastre de Fukushima Dai-Ichi ha destruido una de las principales regiones agrícolas y pesqueras de Japón. Decenas de miles de personas nunca podrán volver a sus hogares. Se espera que la “limpieza” del emplazamiento del reactor dure hasta 60 años y cueste hasta 750 mil millones de dólares.
  • En Estados Unidos hay más de 15 mil minas de uranio abandonadas, principalmente en tierras indígenas al oeste del río Mississippi. Estos sitios contaminan el aire, la tierra y el agua, provocan epidemias de cáncer y otras enfermedades entre los pueblos indígenas y poblaciones y grupos marginados. Plantas de enriquecimiento de uranio y de fabricación de combustible en Nuevo México, Carolina del Norte, Ohio, Oklahoma, Carolina del Sur y otros lugares están situadas predominantemente en comunidades negras, indígenas y de personas de color (BIPOC) y tienen un largo historial de fugas y vertidos.13

Falta de tiempo

Tal vez el principal argumento en contra de la energía nuclear como solución al cambio climático es el tiempo. En su último reporte, el IPCC asegura que la humanidad tiene apenas 4 años para actuar decisivamente para reducir emisiones de GEI y transformar radicalmente el sistema energético. Comparar el tiempo que tenemos con el tiempo necesario para construir un reactor nuclear la hace una solución inmediatamente obsoleta: construir un reactor y aumentar la producción de energía nuclear necesaria para mitigar suficientes emisiones podría tomar hasta 20 años. Para desplazar una cantidad significativa de emisiones de CO2 se necesitan entre 1.000 y 1.500 nuevos reactores (de al menos 1 GW cada uno) de aquí al año 2050 (tres o cuatro reactores nuevos cada mes), eso está lejos de ser viable. Incluso si se hiciera, las emisiones mundiales de CO2 seguirán en aumento.

Los promoventes de la energía nuclear como una solución al colapso climático no son más que apologistas de un sistema que se rehúsa a cambiar. Son las mismas personas e instituciones que seleccionan ciertos datos, para dar la impresión de que el progreso y la innovación tecnológica son una solución. Cuestionar el papel de la tecnología en la producción de la acumulación debe ser un ejercicio clave para evidenciar las falsas soluciones al colapso climático. 

Enlaces de interés:

  1. Beyond Nuclear. (2018).Climate change and why nuclear power can’t fix it
  2. Indigenous Action Network: Hoodwinked in the Hothouse. Resist the False Solutions to Climate Change. 
  3. Tornel, C. (2018) Introducción. Alternativas para limitar el incremento de la temperatura en 1.5°C Más allá de la Economía Verde. México: Fundación Heinrich Böll P. 1-86.
  4. Don’t nuke the Climate! 

Referencias:

1 Para más información ver los capítulos 2.6 y 2.8 de esta guía. 

2 Ver: Lohmann,L. (2021). Is White Innocence Holding Back Climate Movements? 

3 Para un análisis específico ver Moore, Jason (2016) ¿Antropoceno o capitaloceno? Sobre la naturaleza y los orígenes de nuestra crisis ecológica

4 Jappe, A. (2017) La Sociedad Autófaga. Capitalismo, desmesura y autodestrucción. La Rioja, España: Pepitas, pp: 308.

5 Ver: Hornborg, A. (2021): Nature Society and Justice in the Anthropocene. Unraveling the Money-Energy-Technology Complex. Cambridge University Press (p.7).

6 Ver: Oppenheimer quotes: the story behind ‘Now I am become Death, the destroyer of worlds’ | WIRED UK.  

7 Schneider, M., et al. (2020). World Nuclear Industry Status Report 2020 (p. 54). 

8 Beyond Nuclear (2021): Why nuclear power slows action on climate change (p. 4). 

9 Para un análisis más detallado, ver los capítulo 2.4. Y 2.5 de esta guía. 

10 Beyond Nuclear (2018): Climate change and why nuclear power can’t fix it.

11 Nuclear Information and Resource Service. (2021). Irradiated Nuclear Fuel: Scale of Danger to Drinking Water.

12 Las otras tres evidencias son la concentración de CO2 en la atmósfera provenientes de los combustibles fósiles, los plásticos y los huesos de pollo. Ver: Patel, R. y Moore, JW (2017) A History of the World in Seven Cheap Things: A Guide to Capitalism, Nature, and the Future of the Planet. Verso. 

13 Casos obtenidos de: Hoodwinked in the Hothouse. Resist the False Solutions to Climate Change. (pp: 33-36)

Carlos Tornel es candidato a doctor en Geografía Humana por la Universidad de Durham en Inglaterra. Sus temas de investigación son la justicia climática y la transformación energética más allá del capitalismo. carlos.a.tornel@durham.ac.uk  

DESCARGAR PDF

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


No comments found.